jueves, 6 de julio de 2017

La noche de los alhelíes

Todavía eran las cuatro de la mañana cuando estaba en quirófano. Un accidente de moto requirió operación de urgencia, un bigardo francés se rompió (entre otras cosas) la pierna izquierda. En este fatídico caso su tamaño supuso un grave problema, ya que al romperse una pierna podría decirse que se rompió varias. El gigante circulaba tranquilamente cuando un anciano cruzó sin ser a penas consciente de la situación, la moto iba a la velocidad estipulada por las leyes de tráfico, pero el motorista se vio obligado a torcer su rumbo esporádicamente y eso le supuso un buen trompicón contra el muro de una floristería. La dueña era una señora mayor a la que la consternación de ver sus petunias y alhelíes yaciendo en las acequias pudo con ella, y expiró de sí un largo llanto, tanto que ya en lontananza del suceso, los testigos del incidente creyeron tener aún en sus cabezas la sirena de la ambulancia.
 
   Poca cosa conocíamos sobre el salvador de ancianos francés, a excepción de que su moto ha quedado ya totalmente escacharrada y que su pierna izquierda casi corrió la misma suerte. Federico sería el cirujano que se encargaría de operarle. Antes del accidente, el doctor Federico se dirigía a su casa en un auto bastante ostentoso. Él siempre fue el hombre que todos esperaban que fuera. Se sentía orgulloso de sí mismo. Era joven, de unos treinta y pocos, no estaba casado más que con su profesión (como le gustaba pensar), aunque cuando era un adolescente tuvo una relación con una chica que se llamaba Helena y venía a Francia de intercambio de estudiantes. Pensaba que se casaría con ella y que tendrían muchos hijos, pero gratamente el azar deshizo el posible cliché y los libró a ambos de una vida tediosa y monótona. Federico llevaba siempre relojes de la marca más cara. Se sentía seguro al llevar atado en su muñeca un constante e inaudible tic-tac. Quería tenerlo todo planeado, todo bien ordenadito y que pudiera servirlo en la mesa a la hora que llegasen los invitados. ¿Champán? Por supuesto, lleva ya más de cuarenta y cinco minutos en el congelador, en unos diez minutos lo descorcharemos. Asimismo también era muy dado a la lectura, si bien en sus estanterías primaban libros sobre medicina y anatomía, también era muy aficionado a la literatura clásica, siendo un fiel admirador de los realistas rusos como Chéjov o Tolstói. Nunca se dejó llevar por la fantasía ni el idealismo.
   Al llegar a su casa, lo primero que hizo fue dormir. Una larga jornada de trabajo lo hubo fatigado, y sin más preámbulos, se desvistió y su cabeza acogió la cómoda almohada. Durante el descanso, su subconsciente empezó a maquinar, y el magín del médico soñaba que estaba en el hospital. Claro, todo el día ahí encerrado... El hospital prácticamente era donde residía. Entonces, súbitamente, se vio en su quirófano habitual, donde debía hacer un trasplante de corazón a una joven estudiante debido a una fuerte insuficiencia cardíaca. Su rostro le era lo suficientemente familiar como para que le incomodase verla desnuda. No le molestaba realmente abrirle el pecho, ese era su trabajo, pero aquellos ojos cerrados le recordaron exactamente a unos párpados que él mismo tuvo que cerrar. Se dijo que no duraban mucho en vida las mariposas.
Antes de proceder a la operación, Federico le echó un vistazo a su lengua y comprobó que su color era el correcto. Hizo un ademán de pedir el bisturí, pero estaba completamente solo, él y la paciente. Atravesó la hoja como en un trozo blando de papel. Hizo una forma de I en el torso de la chica y vio su interior. Del súbito espanto, se levantó casi asfixiado y sudando.
 
   Ahora se encontraba con el talludo francés en la camilla. Lo miraba y pensó que era hermoso. Tal vez no fuera el perfecto adonis adormecido, pero le gustaba ese temple que le transmitía. Las patillas rubias que continuaban hacia un pelo más bien castaño y denso. La rectitud de sus cejas apaciguaban su temperamento (trastocado por el sueño que tuvo horas antes). En esos momentos, Federico exhaló y rogó por favor a sus ayudantes médicos si podrían abandonar el quirófano por unos momentos. Sí, sí, todo irá bien, solo necesito estar a solas con el paciente, les decía, váyanse a por un café mientras tanto, el asunto nos llevará horas con este bicho.
   Se empezó a sentir más cómodo con la sala vacía. A Federico había algo que le inquietaba. Con su paciente amodorrado por la anestesia, necesitaba comprobar algo. Se recolocó las lentes y se secó el sudor. Miraba al francés, y con severa solemnidad, le desnudó dejándole el torso al descubierto. Su pecho para él era un vasto desierto, donde confluían dos dunas de ceniza en el plexo solar. Quiso dejar lo que estaba haciendo y recapacitar. Entró una asistente y la echó rápidamente, no quería que se le molestase, no, su ritual debía de ser íntimo y fiel al sueño que lo perturbó anteriormente.
Esta vez le costó más incidir en el pecho de su paciente y hacerle la forma de la I. Lo abrió en canal con delicadeza, hasta con cariño, sintiendo el dulzor de la ocasión. Sin más circunloquios poéticos, Federico procedió a examinar el interior de su busto, y esta vez se desmayó dándose un golpe en seco en suelo. Donde debía haber un corazón, habitaba una flor de loto.

Tras el desvanecimiento, despertó solo en el quirófano, junto al cuerpo abierto de una paciente.




Ninfas y Sátiro, Bouguereau

domingo, 18 de junio de 2017

A mar

Fora mirar
els teus ulls em fiquen dins
la mar.

Jo no sé nedar.

Em mires de reüll;
no m'aixecaràs.
Em vols ofegar.

Xocaré amb els esculls,
ets un somni ja,
o potser el mirall on no
em vull veure reflectit.

Ho vaig témer des de petit.

Digues, ona, per què no em
tornes a mirar?




domingo, 28 de mayo de 2017

La logomaquia

No comprendo cómo puedo pasarme horas para leer una simple frase. Mi corazón de piedra, devorado por la hiedra, se pudre. Que tiendan mi cuerpo como alhelíes blancos a la vera del Mediterráneo. Encontraréis el significado de mis palabras en un ditirambo, escrito en un papiro escondido en la independencia de un sueño que vive, que sueña. Este es el episodio primero de La logomaquia, donde las palabras emprenderán una guerra con [...]

Encontré este fragmento enterrado en un jardín abandonado, en un château perdido por un bosque francés. Helena y yo decidimos iniciar una expedición fomentada inicialmente por el aburrimiento ineludible de dos jóvenes estudiantes en verano. Ella estudia Antropología, y yo estoy acabando la carrera de Historia. No hemos sido personas muy dadas a perdernos en lugares que, desde un inicio, desconocemos , ya que ni somos francesas ni tenemos siquiera un mapa que nos oriente, pero esa vez creímos que ahí residía el punto interesante de la aventura. Helena y yo siempre hemos coincidido en nuestro gusto por las letras, en especial por las que nacieron en el Romanticismo, y salimos en la búsqueda de ("oh, qué romántico", quisiera que exclamase el lector) esa naturaleza ideal y de leer algunos versos que sin duda fueron proyecto de un suicidio anunciado (ah, qué romántico). 
   No quisiera engañarles, pero realmente llevábamos ya una semana viviendo en Francia, además, la familia de Helena tiene raíces francesas, así que ella se defiende muy bien con la lengua vernácula. El asunto es que ninguna de las dos éramos capaces de soportar el tedio circundante metropolitano, y el excusez-moi, madame que se escuchaba a cada hora de la tarde. La guerra del ser humano contra el hastío que nos consume en los días de hoy sigue siendo una lucha diligente, pero no hay que bajar la guardia todavía.
Volvamos al inicio de la historia: el fragmento desenterrado, ¿de dónde salió? Ya hemos mencionado que su origen era el jardín abandonado, pero ¿qué es lo que ocultaba? Helena, junto a un diccionario y su pequeño bloc de notas, logró transcribir el texto inacabado. Según pude comprobar, el papiro tenía un origen egipcio, alrededor del siglo IV antes de Cristo. Aparte, el griego antiguo nos llevó a conjurar una hipótesis no muy descabellada: quizá era un escrito perdido de alguna escuela en la antigua Alejandría. El pergamino estaba resquebrajado por la parte inferior, donde seguramente estaba inscrito el nombre. Lo que aún no nos explicamos es el porqué de su lugar de descanso. Supusimos que algún escolástico francés quiso deshacerse de él escondiéndolo, aunque a su vez apreciándolo, pues el cofre que lo salvaguardaba logró resistir el peso de miles de años sin ser abierto. 

[...] ahí se encuentran nuestras almas, perdidas en el tiempo! Nada más lejos, esto no es ningún logogrifo como el de aquellos filósofos que aseguran que "todo fluye". No, todo se bifurca en el tiempo. El mundo original es el mundo de los sueños. Y si «el sueño de una sombra es el hombre», entonces eso nos honra, porque nos hace reales. Las palabras nunca revelaron lo que se ve, sino lo que se [...]

En el reverso del pergamino logramos traducir (costosamente, todo hay que decirlo) este pequeño extracto. Hubo un momento en que debido a la pasión con que estaba escrito todo, Helena se alteró y no dejó de hacerse preguntas ¿qué quiere decir quien haya escrito esto? ¿Qué es "La logomaquia"? ¿Qué son estas manchas carmesí? ¿Qué hemos de hacer? Dímelo, agárrame las manos, agárrame y no me sueltes. ¿Qué estamos leyendo?
Después de que se calmara, le respondí: las cartas siempre se escriben con sangre, Helena. Nos miramos y dejamos el escrito donde estaba, quién nos mandaría a ir buscando minerales. Durante el trayecto en el coche tuvimos una conversación. Sin hablar, claro, todo fue un proceso mental. Estoy convencida de que Helena y yo debatimos en ese coche, y llegamos a la misma conclusión: las cartas se escriben con sangre. Nada de puños ni de letras. Sangre y, si es necesario, lágrimas. Algo me dice que también discutimos acerca de la influencia del Romanticismo en los siglos que le precedieron, y que quizá este tipo de ideal haya sido desde los primeros momentos inmanente en el ser humano. De lo que sí estoy segura es que la perturbación del tiempo, el paso de los años y el peso de los tiempos pasados, han sido los temas primerizos que asolaron a las personas desde sus albores.
   La noche del mismo día dormimos juntas. Ella soñaba y yo pensaba. Sabía que era incapaz de meterme en su sueño, pero lo intentaba. Si el mundo real es el mundo de nuestros sueños, quisiera crear juntas nuestro propio mundo onírico. 



Soñemos, Helena, soñemos. Aseguremos nuestra existencia. Procura no estar insomne.


'Séléné', Albert Aublet


jueves, 20 de abril de 2017

Barahúnda vanílocua

Sedúceme, Aquiles, con tu ira;
arrastra mi cadáver hasta tu alcoba
como hiciste con Héctor priámida,
ay, hijo de Tetis, Pélida de los pies ligeros;
mi afán lisonjero te hace bullir
la sangre.
No es mi culpa, Amor, sino la de Homero;
él, de corazón ciego,
no quiso que tu madre bañase
tu cuerpo entero;
él, viendo aún invidente,
compuso la ironía de tu belleza apolínea.

Agoreros trágicos,
barahúndas emocionales airadas.
Caballos de plástico
y dentro soldaditos de plomo.
Alzamiento de lanzas y espadas,
solo la muerte de Áyax
quedó clavada.

Dioses nunca fueron buenos.
Artemisa es un ciervo.
Dafne es un laurel.
Apolo un violador
que amanece.
Eros no cree en el amor
más que en la muerte.

Aquiles compungido escucha la lira
de Orfeo en el infierno.

No se sabe quién, pero se oye a alguien sonreír con una dulzura maligna.

Fin del ensayo.

Amor vincit omnia, Caravaggio.

sábado, 11 de marzo de 2017

Dreri andaluz

Mi alma nació el siete de marzo.
Vi de sus ojos brotar flores amarillas y
mientras los míos brillaban como el cuarzo;
no hay metáforas gongorinas
ni Romanceros gitanos
que describan, quizá, su pestañeo
como vuelo de golondrinas celúreas;
su voz, quizá, como el canto
de un flamenco bañándose
en un mar rosado;
ningún verso de un maldito poeta
contó que su mirada alunada
reverbera en corazones 
llenándolos de música.

Ningún poeta pudo llegar a ser sincero
en versos que escribieron en noches tristes.
No existieron dichos pesares nocturnos,
no conocieron jamás la soledad natural
del lecho y el esfuerzo mental
por tratar de personificarla a tu lado;

el dolor de no poder recordar
la melodía sibilante de sus labios,
no sintieron jamás el dolor
lejos de algún tipo de ritual poético;
dicen: el dolor que causa mi amor por ti
quema como el hielo
y se equivocan: el amor funde el hielo
en su calor pasional.


Desde que recorrió mi interior el dreri andaluz
ha expirado de mí todo tópico amatorio,
se
des
  bor
     da
 todo lo que cupo en mí

y te ama,
 no como la gente adulta dice amar

sino de verdad.



domingo, 5 de marzo de 2017

Últimos versos para Gata

Expiró breve como un suspiro,
como una caléndula silvestre
que se marchita, y se ennegrece
antes de que llegue la primavera.

Ahora ya no existen flores en jardines
que brillen de rocío,
pues ella reflejaba con su color
a las demás;
pero te vas, te vas y respondes:
Yo es que soy muy poeta.

Y qué poeta.
Rondará por siempre
en la primera parada intergaláctica en mi psique.
Ya nunca me pregunto
«¿qué es la vida?» 
Un tesoro, un bien preciado;
pero es aún más que eso:
es todo aquello que nos ha regalado.

Obra inconclusa,
se ha marchado
sin haber podido remediar
el mal de este mundo:
Me engancho mis cadenas 
y salgo guapa pa' la calle,
me detengo y observo
el planeta lleno de villanos. 
Condenados a resistir
hasta que por fin aprendamos.

Desde que Gea se cansó
la dama del futuro vive en Venus.
Y aún ahí, a lo lejos, se sigue escuchando: 
Déjame ser otra cosa que no sea un cuerpo

                            Yo os invoco hijas de Eva, buscando una luz.



En mis escritos nunca añado explicaciones que se vinculen directamente con el lector. Esta ocasión es distinta, en este poema sí tengo una explicación que dar: Ana Isabel García, conocida artísticamente como Gata Cattana, era una politóloga, poeta y rapera cordobesa. El pasado dos de marzo, con tan solo 25 años, falleció por muerte cerebral provocada por falta de oxígeno a causa de un shock anafiláctico. Su corazón ahora mismo está latiendo vivamente en otro cuerpo (al igual que sus otros órganos), pues ella fue bondadosa hasta el final. Todos los versos que están en cursiva son frases de canciones suyas. 
Por honor a ella, a su música, a su poesía... y a su gran labor como activista de conciencia feminista, publico este poema en su memoria, como signo de aprecio hacia su indudable arte y lo que nos legó en su corta vida. Gracias, compañera. 


lunes, 27 de febrero de 2017

Lucerna

Tenue luz que entra y recae
desde la claraboya hasta la mesita
blanca del salón.
Leve, delicada brisa que zarandea

nuestro pelo oscilando el aire
como las olas en el mar;
la sequedad salina de unos labios
tras huir de ese mar.

La luna, que titila en unos ojos
diáfanos, ahogada en lágrimas de
agua dulce donde nadan peces de colores.

Rayos que parten árboles como si
fuesen miradas, que no estacan arboledas, sino almas;
donde en lo natural también radica lo bello.