sábado, 18 de junio de 2016

La delicadez de los suspiros

Se miraron. Súbitamente, se soltaron las manos. Sus circunloquios artísticos, virguerías acrobáticas y momentos de suspensión cerraron la función. Sol y Loquio eran una pareja de trapecistas de Bosnia-Herzegovina, con corazón yugoslavo.
Sol representa la luz brillante del proscenio, dejando tras de sí un rastro de pinturas de acuarelas. Loquio es la perfección formal de un soneto y el sentimentalismo instrínseco de un romántico francés. Ambos representan una obra desgarradora que se traduce en momentos de silencio, y en instantes en que el diálogo es acrobático, y no verbal. 

Sol
Estoy sosteniendo a la Luna. Dime, ¿me soltarías sin más o dejarías que te quemara hasta escuchar gemir el vapor? 

Loquio
Prefiero quemarme, así podría ser ceniza y estar presente en cada partícula de tu cuerpo; en cada pequeña ranura de tu tez. 

Sol
¿Y por qué tener que soltarnos? ¿Por qué no estar en continua suspensión mientras los demás nos observan? ¿Es que acaso no funciona así, el amor? En la delicadez de los suspiros. 

Loquio
Tenemos que soltarnos porque no hay otra cosa a la que aferrarse que no sea el calor helado. Ay, qué tópico el drama circense, y qué cierto es. 

Sol
Y es que así somos: los incansables acróbatas, en la cuerda floja de la vida, sin dejarnos caer. Con la mirada puesta en nosotros dos, pendiendo del hilo que nos une. No podemos quedarnos varados en un punto permanente en el tiempo, pero si tuviera que elegir uno, sería este. No me sueltes. 

Loquio
Amo el dolor ineludible del descenso. Aunque el hecho de no vernos las caras durante ese momento sea un total desengaño, aunque tenga que sentir la puntita de tus dedos en los míos en un segundo, es hermoso porque así nadie puede ver cómo lloro. 


Desenlace, descontrol, desventura, despedida; desvivido destiempo decaído, defunción y destino desunido. Muchas palabras tristes llevan "des". Sol y Loquio llevan desquitándose del desquicio desmedido desde tiempos inauditos. Son la pareja del grito silencioso que recorre el funicular. 
Ese (des)diálogo ha sido producido en un segundo y medio. Esos segundos representan el momento culmen de su obra: la tensión del público y la suspensión de las miradas de Sol y Loquio hicieron de un espectáculo poesía visual. ¿Por qué el caso de Sol y de Loquio? ¿Por qué estos dos bosnios cuyos nombres son de origen incierto? 
Quizás por romantizar la tragedia que es el sosiego en tiempos de ruido intempestivo. Quizás sea porque el drama circense no es un mal argumento para una obra. O quizás sea por hacer una representación de una forma singular de ver el amor. Y no solo el amor, sino también las relaciones interpersonales. 
Aunque, yendo un poquito más lejos, ¿quién dice que "Sol y Loquio" sea una pareja que comparte lecho y oficio? Ellos son solo un mero juego de palabras cuyo sentido es fácil de identificar. Lo interesante del asunto viene cuando uno se pregunta "¿Para quién es "mero" el hecho de que se llamen así? Quizá para una mente llana, o una mente que no profundice y solo disfrute con leer un poco por las tardes. Sol y Loquio no es ninguna pareja de enamorados, los cuales se (des)aman incondicionalmente, no.

Sol y Loquio es la representación de la relación de la cordura con la locura, sobreviviendo al riesgo del trapecio.


domingo, 5 de junio de 2016

Soledad en nuestras voces

Tres. Tres puntos. Puntos suspensivos. Tres suspendidos en un punto. Tres puntos que están en suspensión. Pinto tres puntos cuando el reloj marca las tres en punto. No dejo mis desvaríos ni a la de tres, y punto.

Empezó la novela con un juego de palabras sumamente nefario. ¿A quién no le gusta que un escritor divague? Como si nadie caminara con la intención de perderse alguna vez.
Este caso es parecido, su camino está marcado en prosa, y las letras son sus pisadas que dejan huella por la tinta.
Nuestro querido barbián  irrumpirá en el relato de tanto en tanto. Les indicaré el camino con una fuente en cursiva, Dios salve a la cursiva. Imagínenme como un ente que les guía a medida que leen el relato. Yo seré el hilo conductor que os muestre los fragmentos alienados y los sensatos. No tengo cara, pero sí una voz: la vuestra.

Besando la arena de islas perdidas en el tiempo, intento restaurar la pérdida a destiempo de mis clepsidras vacías. Hay un sonido que escucho, una voz que me habla; dice que amansa fieras indomables, pero sé que es un cobarde. Pues se oculta tras el eco de una cabeza atormentada. 
El aislamiento del mundo cuerdo me ha llevado a salas cuadriculadas, cuando yo sólo puedo ver hexágonos; con las paredes demasiado blancas, cuando mis ojos son cerúleos. En esta vereda no veo flores delicadas, sino un yermo abrupto. Mis pies sangrantes señalan la vía equivocada, una en que en cada paso, pierdes una vaharada. Tengo la mirada varada al sol, y ni así se seca mi llanto. Que un día me expliquen las nubes, por qué sobre mi girasol llueve tanto. 
Despierto en el umbral del anochecer, desnudo y dibujado con tiza; comienza a llover. 

Este párrafo se extravió en una noche de pesadillas continuas. En su mente no existe más protagonista que el que piensa, y finaliza siempre con una tragedia. ¡Carga con tanto ruido en ella! Como si el dolor gritase en mitad de la penumbra, con un gemido cortante.
A nuestra querida mónada se le hace cenizas el tiempo en sus manos. Como si sufriera una discalculia severa: no comprende que el tiempo es algo intangible y desleal; y que jamás podrá dejarse de ver bajo su yugo.

Los sueños suelen ser siempre recurrentes en nuestra niñez, pero él nunca ha podido dejar de lado

esa satisfacción que me brindaba imaginar, porque me veo pero no existo, y existo porque sueño 

que quizá algún día le vayan las cosas mejor; pensamos que es un hijo de Calíope, asustado, y

mis amigos literarios y yo también merecemos una vida más allá del suelo mundano, que es el 

dolor lo que más le ha marcado en su vida; pocos momentos felices compusieron su mente, pero

las calles andadas entre mares de desesperación y alcohol, no me impedirán que resurja de entre 

los versos que un día alguien le escribió cuyo autor no se sabe quién pudo ser,

pero me quiso.