sábado, 16 de mayo de 2015

Se va

El sol se va desvaneciendo. En el claror de tus ojos se posan esponjosas las nubes. Y mis pies descalzos se hunden en la tierra húmeda. Me detengo porque ahora me ciegan los destellos de la Luna. ¿Qué quiere de mí, que las estrellas no le han dado?, ¿qué bailes quiere oscilar conmigo, que con el mar no ha oscilado?, ¿qué cánticos quiere que le recite, que los poetas no le han recitado?

Ésta pretende dejarme dormido, mientras que mi insomnio sólo escribe sueños contigo. Le digo adiós a los postigos, no hay llaves que valgan para el candado de tu alma; sólo mi aliento pulcro podría desoxidar esa cerradura.
Ojalá pudiera aspirar el fuego de este incendio. Volver a sembrar los árboles que un día crecieron aquí (dentro), y que con éstos me dibujes tu alma; clara y transparente, cristalina y diáfana.

Mis pies sangran, y en mi puño tengo aglomerados restos de ceniza. El algodón se deshace y se abre el cielo. Las lágrimas se deslizan por mis pómulos, con los demás estigmas sin cicatrizar. No puedo caminar, porque los cristales se clavan en mis pies; si pudiera me los quitaría, pero no veo porque la niebla me anula la vista. Llueve, pero se desamoran las hojas; la sientes, pero no sabes ni de dónde salen las gotas. Si lloro, no es porque mi cuerpo se desangre.

Sino porque me he dado cuenta de que he roto tu alma.



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